Aunque popularmente los tumores se asocian con el cáncer, la probabilidad de que los miomas se transformen en cáncer es bastante baja; aun así, debe tenerse presente que, aunque sea poco, pueden evolucionar en sentido maligno, y no debe descuidarse el seguimiento. Cuando se encuentran en una mujer en edad reproductiva pueden provocar grandes problemas, y a veces se detectan casualmente en una exploración ginecológica. Sin embargo, se observan con mayor frecuencia en el grupo de edad de 35 a 40 años. La probabilidad de verlos en la adolescencia es bastante baja, pero la frecuencia puede aumentar en paralelo al avance de la edad. Por otra parte, como los miomas tienden a crecer con la hormona estrógeno, ese crecimiento puede continuar también durante el embarazo. En el embarazo, además, a consecuencia de una alteración que llamamos degeneración, puede aparecer dolor en la clínica y verse imágenes distintas en la ecografía, lo que puede causar molestias también en la gestación. Pero estas situaciones no se dan siempre. En la menopausia también pueden reducirse debido a la disminución de la hormona estrógeno. Los miomas, que aparecen con distintos signos, en determinadas situaciones pueden no dar síntomas. Para detectar los miomas, que a veces se descubren en los controles de rutina, es necesario realizar una exploración ginecológica completa.
Signos de los miomas
- Sangrado excesivo durante la regla,
- Anemia,
- Aumento de volumen en la zona del abdomen y del útero,
- Dolor intenso en las relaciones sexuales,
- Dolor en la zona lumbar y en el coxis,
- Ganas frecuentes de orinar,
- Obstrucción de las trompas (en algunos casos los miomas pueden provocar la obstrucción de las trompas),
- Estreñimiento
En cada mujer estos signos pueden producirse con distinta intensidad y como síntomas diferentes. Los miomas pueden abrir la puerta a distintos problemas según su tamaño, su número y su velocidad de crecimiento. Los miomas pueden extraerse del cuerpo mediante cirugía, pero tras la operación también aumenta el riesgo de que vuelvan a aparecer. Después de la operación pueden quedar miomas de tamaño micro que, al crecer con el tiempo, pueden traer consigo diversos problemas. Sin embargo, si los miomas son pequeños pueden mantenerse bajo control sin operar. Cuando los síntomas son intensos y alcanzan un nivel que altera la vida diaria, puede ser necesaria la cirugía. Para los miomas que no provocan grandes problemas, el seguimiento clínico puede ser suficiente. Si pensamos que los miomas van creciendo poco a poco, en esta situación el diagnóstico precoz tiene mucha importancia. Cuando los miomas se advierten tarde o causan quejas clínicas serias, pueden hacer necesaria una operación quirúrgica.
¿Hay que hacer necesariamente cirugía abierta en el tratamiento quirúrgico?
Hoy en día, en el tratamiento quirúrgico de los miomas se recurre sobre todo a las operaciones cerradas. Si el mioma está cerca de la capa interna del útero se realiza una histeroscopia; si está más profundo y es grande, la operación se hace por laparoscopia. En los últimos años, la cirugía de mioma se realiza con éxito especialmente de forma robótica.
¿Hay que extirpar necesariamente el útero en las operaciones de mioma?
La respuesta es muy clara: no. El útero puede conservarse en muchos casos. Uno de los puntos importantes aquí es la experiencia del cirujano que aplica estas técnicas quirúrgicas. El seguimiento después de la cirugía es importante, sobre todo en las pacientes en las que se ha conservado el útero.
